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Por el 2/11/2017

LA MAMÁ… Y EL PAPÁ: Cómo afrontar el parto

Parto natural: uso de epidural o anestesia peridural

El parto es un momento único e irrepetible, por ello cada mujer lo vive de una forma diferente. Hoy en día, gracias a los avances de la ciencia, es posible un parto sin dolor, lo que permite a las madres disfrutar del nacimiento de su hijo reduciendo así su estrés y miedo.

La futura madre con ayuda del obstetra y/o el anestesista determinará la conveniencia y seguridad del uso de anestesia peridural. Será necesario valorar los pros y los contras así como los posibles efectos secundarios.

La epidural disminuye el dolor de parto al mismo tiempo que permite que la gestante esté consciente, lo que ayuda a que pueda recibir a su hijo más descansada y se inicie cuanto antes el vínculo madre/hijo.
La dosis de anestesia utilizada es aquella que alivia el dolor, pero aún permite sentir las contracciones, de esta manera la madre puede colaborar durante el parto.

El momento de administrar la anestesia dependerá de cada médico, pero por lo general se realiza una vez que el parto ya está instaurado, es decir, cuando las contracciones son regulares y la dilatación ha comenzado. Cuando el parto está muy avanzado ya no es posible aplicarla.

Si estás interesada en un parto sin dolor, habla con tu médico. Actualmente, muchos hospitales ofrecen la posibilidad de establecer un “plan de parto y nacimiento” para acordar con el obstetra o la matrona el tipo de atención que se desea recibir.

Cesárea

Se lleva a cabo cuando el tocólogo considera que no es posible el parto por vía vaginal o cuando surge alguna urgencia y es necesario extraer al feto lo más rápido posible. Hay dos tipos:
• programada o electiva: cuando se planifica previamente;
• tras trabajo de parto: cuando la mujer ya ha iniciado el trabajo de parto.

A la hora de realizar cesárea también se valorarán antecedentes personales o el tipo de gestación, por ejemplo cuando sea múltiple.

Medidas de confort

Posiciones: existen varias posturas para dar a luz, no obstante, todo dependerá de la forma en la que te sientas más cómoda. Los cambios de posición son esenciales ya que te ayudarán a controlar mejor el dolor. Algunos factores también pueden afectar a la elección de una postura u otra (situación clínica, monitorización, epidural…); en esos casos, consulta con el profesional sanitario para que te ayuden a encontrar la posición más idónea y segura tanto para ti como para tu bebé.

Respiración: es esencial “aprender a respirar” para el parto, de ahí la importancia de los cursos prenatales. Existen diferentes tipos de respiración que pueden ser aplicados en función del tipo de contracción. Por lo general, la respiración es eficaz para liberar tensión, relajar el cuerpo y estimular la secreción de hormonas como la oxitocina, que es fundamental para el parto.

• Respiración torácica o abdominal: se utiliza cuando las contracciones son suaves. Consiste en inhalar lenta y profundamente por la nariz mientras se expande el tórax o el vientre, se sostiene la respiración y se exhala por la boca.
• Respiración jadeante: para contracciones más intensas. Inhala profundamente y exhala el aire en resoplidos cortos.
• También se puede combinar el tipo de respiración con posiciones o movimientos.

Control del dolor: pueden utilizarse técnicas naturales evitando así el tratamiento farmacológico (será una decisión personal). El uso de una y otra dependerá de la situación individual de cada embarazada y siempre bajo control médico.

• Masajes: en la espalda, en las piernas… pueden aliviar mucho. ¡Pídeselo a tu pareja o a una persona de confianza!
• Escuchar música relajante: favorece que te aísles al concentrarte en la música.
• Terapia de agua: un baño tibio puede ayudar a reducir los dolores de parto y relajarte.
• Acupuntura.
• Meditación o visualización guiada positiva: el objetivo es evadir la mente de forma que se deje de pensar en el dolor.

Ejercicios de relajación: reduce la tensión y el estrés, sin embargo, para que sea eficaz deben empezar a practicarse durante el embarazo. Una de las más usadas es la técnica de relajación progresiva de Jacobson (primero se aplica deliberadamente tensión a ciertos grupos de músculos, y después se libera la tensión inducida y se dirige la atención a notar cómo los músculos se relajan).

Alimentación: comer durante el parto no conlleva riesgos, tanto si se trata de un parto natural como de una cesárea, y por tanto no está contraindicado, de hecho, uno de los puntos clave es que la madre esté en todo momento hidratada.

En las mamás primerizas, el trabajo de parto puede durar horas por lo que es aconsejable que tomen alimentos suaves y que no sean pesados (frutas, gelatinas, yogures…).

También dependerá de cómo te sientas, por ejemplo, si tienes alteraciones gastrointestinales como náuseas o mareos o si simplemente te apetece o no comer.

Ante cualquier duda, consulta siempre a los profesionales sanitarios.

Descubre más en la guía práctica de Humana para mamás y papás.